Un refugio seguro

«El Señor es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre pronta en los peligros.» (Salmo 46,2)

Una vez tuve la experiencia de un terremoto. Estaba todo bien. Yo por servir la cena a unos amigos y… de pronto la tierra comenzó a temblar. Me dio tal pánico que salí corriendo al medio de calle. Ahí me di cuenta que estaba expuesto a los cables de la electricidad. Entonces volví corriendo a la casa. Mis amigos me agarraron del brazo y me dejaron dónde estaban ellos, debajo del marco de la puerta. Ellos tenían experiencia de terremotos y sabían qué hacer. Yo, que soy de llanura, no.

Los terremotos de la vida pueden surgir por muchas cuestiones: a veces lo provocan los demás… a veces lo provocamos nosotros con nuestras maldades.

En esos momentos se nos mueve el piso y lo que era seguro… ya no lo es tanto. Es el momento en el cual necesitamos esa mano amiga que nos muestre el camino, que nos dé fortaleza… que nos lleve al lugar seguro.

En los terremotos de la vida hay una certeza: Dios está con nosotros y nos tiende su mano para darnos seguridad… para darnos su vida. El la tiende… nosotros debemos tomarla con fe. ¿Te animás?

Una reflexión del texto: Salmo 46,2

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