Quién es Fabián Castro

Te cuento en pocas palabras que hago por estos lares virtuales. Antes que nada, y sobre todo, soy el Padre Fabián Castro, sacerdote de la Arquidiócesis de Paraná (Entre Ríos, Argentina). Me ordenaron el 7 de diciembre de 1.993. Desde entonces he trabajado pastoralmente en varias parroquias de la Arquidiócesis… pero esa es otra historia.

El Señor me sacó de mis estudios de Comunicación Social para que anuncie y celebre su Palabra. Y aquí estamos… tratando de poner el granito de mostaza en su obra. Con la conciencia de que es SU obra y El dará los frutos cuando, como y en la cantidad qué El quiera.

Fabián Castro

Siempre me entusiasmó el anuncio a través de los medios de comunicación. En mi primer destino, Feliciano, tenía 3 programas de radio paralelos, en las sendas emisoras de FM de la localidad. Luego el Arzobispo me trajo a Paraná y estuve en su Oficina de Prensa por varios años… con el siguiente también. En su momento renuncié porque me saturó atender la histeria de ciertos periodistas que sólo buscan vender el producto cultural denominado “noticias de actualidad”.

Antes de esa renuncia, en el 2005, comenzó mi aventura bloguera. De “casualidad” leí una noticia sobre el, entonces, nuevo fenómeno de los blog y dos obispos norteamericanos que evangelizaban desde ahí. Era un lunes por la mañana (día libre de los curas)… a la tarde ya había averiguado de que se trataba y había creado mi sitio alojado en Blogspot. Para que quedara claro de quién publicaba le puse como nombre “elcura”.

Me dediqué a subir algunas cosas, más por diversión y por aprender sobre herramienta que por interés de usarla para el anuncio. A los tres meses vi “de casualidad” las herramientas y me sorprendió que ¡3000 personas!!! me habían leído. Hoy sé que es una estadística pobre. Pero en ese momento sirvió para que lo tomara más en serio y publicara más seguido y con intención evangelizadora.

Siempre me gusta tratar de entender cómo funcionan las cosas. Así que husmeando en la red vi que era conveniente tener un dominio propio para posicionarse. Así nació padrefabian.com.ar para reciclar lo ya publicado hasta el momento y usarlo con exclusividad para los nuevos compartires.

Fue una linda aventura bloguera. En épocas que ni Facebook ni Instagram existían… y que Youtube era para pocos. Me sirvió para contar experiencias espirituales, reflexionar sobre la realidad o… publicar nimiedades banales sobre fotos que saqué o las noticias de color que leía. Así era el mundo de los blog. Todavía me acuerdo como festejé el “post” (artículo) número 1000 y los 10 años del blog.

Hacía de todo: redactor y jefe de redacción, fotógrafo, diseñador gráfico, seo, mantenimiento técnico… las 3 primeras cosas aprendidas de mis estudios de comunicación. Las tres últimas… puro descaro del que aprende con los tutoriales de la web. Pero la cosa funcionaba. Eso sí… no era un éxito de multitudes… sólo un poquito de levadura.

Vi nacer (y hoy casi morir) a Facebook. No me interesaba mucho porque yo era bloguero (y la tenía clara). Pero debía tener presencia allí para difundir mis artículos. Así que me hice mi cuenta y mi página. Luego esta red social fue desbancando a los blog y quedándose con la participación de los comentarios. Así que fue gustando cada vez menos, sobre todo porque era una cloaca en la cual se decía de todo y sin filtro. Por eso no le presté demasiada atención.

Publicar un blog de manera periódica cansa un poco. Un día charlando con una profesora, en esas tertulias entre clases y clases llamadas por los alumnos recreos, le conté sobre esto. Y ella me dijo “¿y porque no transformás tu blog en una web?”. La miré y le dije que era otra cosa distinta… pero esa idea comenzó a madurar.

Así fue que, dos o tres años después, Catolicus.com vio la luz virtual. Al comienzo fue pensado como un sitio de noticias católicas de la zona más secciones de opinión creyente. Comencé con mucho empuje pero se fueron sucediendo varios inconvenientes técnicos y de generación de contenidos. Esto me llevó a la idea de darle de baja al producto. Pero no quería dar el brazo a torcer.

A los meses, masticando el fracaso, decidí reciclar la web y dejarla solo como un espacio de opinión creyente. Mudé los artículos de opinión desde mi blog… y trato de mantenerla viva. Diríamos que está… pero casi que en terapia intensiva. De todos modos, le tengo un gran cariño y trato de mantenerla viva.

En un momento compré una camarita filmadora digital y me puse a hacer videos. Nada elaborado: prendía la cámara, hablaba, cortaba, y subía a Youtube. Hasta hice una serie de varios programas para un canal católico de una diócesis vecina (yo grabé, ellos editaron).

Pero un día entraron ladrones a mi casa y se llevaron la cámara… entre otras varias cosas electrónicas. De a poco fui reponiendo esos enseres que usaba para la evangelización. Entonces, préstamo mediante, me compré una cámara de fotos que me permitía también grabar. Renació mi pasión por la fotografía de paisajes.

Y empezaron los videos cortos. Escuché que había algo llamado Instagram que pemitía subir videos de un minuto. Intenté… pero no es lo mío hacer videos tan cortos… ¡necesito más tiempo para expresarme! Entonces decidí que la duración que más cómoda me venía era de 2 a 3 minutos.

Aprendí a filmar, a editar y a publicar. Como siempre… a base de tutoriales. Me compré un programa de edición de videos… luces… pantalla verde para el fondo… micrófonos… Esto me enseñó que es necesario crecer en la calidad técnica del equipamiento. Y eso supone dinero (que venía de mis ahorros no de esponsors).

Los compartía en Facebook y en Youtube. La estrategia era lograr una base de datos basada en Whatsapp. Llegué a armar 3 listas de distribución con más de 700 personas. Hacía una reflexión del Evangelio del día de lunes a viernes. Luego fue el turno de la primera lectura o de los salmos, para no repetirme. Me propuse llegar a los 1000 videos. Alcancé la meta un tanto saturado por todo lo que significa grabar, editar y publicar. Así que dejé de producirlos, sabiendo que hay mucha oferta católica sobre esto.

La idea era hacer un video semanal, corto, sobre temas católicos que buscan respuesta… comencé a producirlos… y entramos en “modo pandemia”.

Lo que pensamos que sería sólo por 15 días… se transformó en la cuarentena más larga del mundo (la que padecimos los argentinos) y la vuelta muy parcial a las actividades de fe. Entonces lo virtual adquirió otra carta de ciudadanía en la vida eclesial. Y todo lo que había aprendido de tutoriales me sirvió para surfear esta nueva normalidad.

Comencé a transmitir la Misa diaria. Como muchos sacerdotes. Para eso usé OBS, un programita del cual tenía rudimentos y lo fui entendiendo y usando cada vez mejor. Era cómico ir al altar con el celular en la mano y hacer con ese aparatito cambios de escena con distintas tomas (de la única cámara web que tenía y tengo). Más de uno me preguntaba cuantas personas transmitían la Misa… y era yo solito.

En la primera quincena pandémica ayudé a la FM católica de mi ciudad con la programación. De la edición de esos programas surgieron varios podcast que los subí a Spotify. Un recurso, el audio, al que tengo que volver algún día.

Y para acompañar a la gente más grande de la parroquia, surgió La Hora de la Pasión (LHP). De lunes a viernes en vivo por Facebook y Youtube. Al comienzo medio improvisada… como para estar cercano virtualmente. Pero luego, con la ayuda de los “televidentes” la fuimos perfeccionando. Se armó una linda comunidad virtual, chiquita pero activa, que soportaba mis “metidas de pata” técnicas y nos reíamos juntos. Y dijimos: lleguemos al programa 100… y lo festejamos. ¿Y por qué no 200? Y los pasamos. Y todavía seguimos. Menos días, menos “televidentes”, pero onlines.

Todo estoy soy yo mediáticamente hablando. Antes que nada, y sobre todo, sacerdote que quiere compartir lo que es, lo que le da sentido a mi vida.

Me mueve una convicción profunda: la Palabra de Jesús, el Cristo. Es Palabra del Dios de la historia que interpela nuestra historia, mi historia. Una Palabra hecha carne que nos dice que nada de lo humano nos debe ser indiferente y, por eso, todo lo humano lo debemos comprender a la luz del Autor de la Vida.

Nunca llegué a multitudes. Nunca fui un “influencer” como lo son tantos hermanos en la fe (laicos, sacerdotes, religiosos) a los que admiro su capacidad para producir material genial y comunicarlo con eficacia. Lo mío es más pobrecito y artesanal. Pero tengo una convicción: el Señor me pide que siembre. Llego a unos pocos, como el granito de mostaza o el puñado de levadura. Lo hago en el marco de la Iglesia Católica. Hay sembradores de multitudes que hacen mucho bien. Yo soy pastor de un pequeño rebaño y, espero, que ahí la Palabra de fruto.

Esto soy. Esta es la aventura del anuncio mediático que me ha acompañado en mi peregrinar sacerdotal. Y espero que siga hasta que tenga el llamado definitivo a la Casa del Padre. Eso sí, como siempre, el objetivo primordial es encontrarme con vos para lograr una comunicación, para compartir lo único que le da sentido a la vida y a la muerte: el Dios de Jesucristo.

(Ah, si querés más datos personales podés visitar esta entrada y para más datos de mis hitos históricos esta otra). Ahora sí… nos vemos, leemos o escuchamos. Bendiciones.