Esas son las palabras que brotan de muchos cuando la Iglesia habla sobre algún tema. Y no es para menos. Cuando se da a conocer lo que ha dicho la iglesia sobre algún tema, sólo llega a los oídos de la gente algún recorte. Y los medios de comunicación eligen siempre el que mayor impacto provoca sobre el perceptor. Así son las reglas del juego mediático. Y así queda la Iglesia frente a los demás cuando fija su postura en temas de crucial importancia para el presente y el futuro del ser humano.

Queda la sensación de que la comunidad eclesial sólo reacciona frente a los problemas, con muchas quejas y pocas propuestas de solución. ¡Qué lejos está esto de lo que la Iglesia hace normalmente!

Tomemos un ejemplo como botón de muestra. En estos días se publicaron las declaraciones del Delegado Episcopal para la Educación del Arzobispado de Paraná. Cómo es respuesta a la requisitoria periodística, parecería que es el tema de la “perspectiva de género” lo único que interesa en lo concerniente a la educación sexual. Pero unos días antes se dieron a conocer un mensaje de la Comisión de Educación Católica de la Conferencia Episcopal Argentina. Allí se trata dicho tema no desde la reacción sino desde la propuesta. Desgraciadamente este mensaje fue ignorado olímpicamente por los medios. Para colmo, estaba acompañado de otro texto en el cual se proponen breves notas pretenden ser la presentación de algunas orientaciones y principios, a tener en cuenta frente a un eventual proyecto de ley sobre educación sexual.

Allí nuestros Obispos nos decían que “el cambio de época exige de cada miembro de la sociedad, y de la Iglesia en particular, una respuesta adaptada a los desafíos del momento. Renovamos nuestro compromiso con el Pueblo de Dios. Frente a una eventual Ley de Educación Sexual para las escuelas, recordamos como signo paradigmático, lo que ya enseñaba el Concilio Vaticano II (1965): “Es necesario ayudar a los niños y adolescentes teniendo en cuenta el progreso de la psicología, la pedagogía y la didáctica a desarrollar armónicamente sus cualidades físicas, morales e intelectuales. A medida que avanzan en edad deben ser instruidos en una educación sexual, positiva y prudente”.

Desde esta perspectiva proactiva recuerdan que “a sexualidad es un componente básico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano. Por eso es parte integrante del desarrollo de la personalidad y de su proceso educativo.”

Por esto “la educación de la sexualidad supone una visión profunda del ser humano y un camino moral amplio y rico, originado en la noción del hombre como persona y no se limita solamente a los aspectos sanitarios, técnicos y científicos. La riqueza de lo humano merece que ciertos conceptos como los de libertad, sexualidad, amor, procreación, matrimonio y familia, sean considerados en toda su integridad. La sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere auténtica calidad humana. El amor tiene su propia lógica que deriva en una comunión fecunda tanto física como espiritual. Esta lógica que reconocemos como ley natural, ofrece el marco moral y ético que guía su ejercicio y propone un camino respetuoso de la misma naturaleza humana.”

En este marco recuerdan que los primeros educadores del ser humano, en todos los órdenes de la personalidad, es la familia. Por esto “el Estado no debe sustituir a la familia, incluso a la familia herida por la división o la ausencia. (El Estado) podrá ayudar subsidiariamente a estas realidades que duelen, pero sin paternalismos y con delicada prudencia política para no caer en el abuso de ideologías que no respetan la cultura y la tradición de los pueblos.”

Reflexionan también sobre la función de la escuela, a la cual “le corresponde un rol complementario de la familia y no sustitutivo. Los padres o los tutores, como primeros educadores de sus hijos, son válidamente acompañados, asistidos y complementados por la escuela. Conviene que participen activamente en cursos y/o talleres que les ayuden a transmitir a sus hijos una seria educación de la sexualidad. La personalidad madura de los educadores, su preparación y equilibrio psíquico, influyen fuertemente sobre los educandos. Es indispensable una exacta y completa visión del significado y del valor de la sexualidad y una serena integración de la misma en la propia personalidad. Para educar al niño en la riqueza del amor y de la vida respetando su desarrollo psicológico, el docente sabrá encontrar la oportunidad y el modo de hacerlo con recto juicio, con sentido de responsabilidad, con pudor, competencia profesional y delicada sensibilidad.”

Comenzábamos con una expresión: “¡Siempre se quejan de todo!!!…”. Pero que lejos queda de interpretar la realidad de las propuestas de la Iglesia cuando se la conocen en su integridad. Lo que hemos citado decíamos que es sólo un botón de muestra del Magisterio contemporáneo. Si nos sorprende que se tenga una valoración tan positiva de la sexualidad y del importantísimo papel que esta tiene en la vida cotidiana del ser humano, si nos sorprende, es por que no nos hemos tomado mucho tiempo para escuchar o averiguar lo que dicen nuestros pastores sobre estos y otros temas. Todo un desafío para la escucha atenta para quienes constantemente nos interpretan los signos de los tiempos desde la perspectiva del mensaje de Jesús y la maravilla de la realidad creada que nos rodea.

2 Comments

  1. Estimado padre Fabián. Estoy releyendo la "Historia de Cristo" de Papini, y algunas de las cosas que leí en en el libro quisiera compartirlo con vos y con los lectores, dice en su prólogo Giovanni Papini "De quinientos años a esta parte, los que se llaman espíritus libres...se desviven por asesinar por segunda vez a Jesús..." Cristo está siempre vivo entre nosotros. Hay quien le ama y quien le odia. Los mismos que se desviven por negar su doctrina y su existencia pasan la vida recordando Su Nombre..." no copio más para nos extenuarlos, pero se puede aplicar lo mismo a la Iglesia. ¿Por qué se preocupan tanto por lo que la Iglesia piensa? ¿Por qué se incomodan tanto si un católico opina de determinada manera? Me van a contestar que es porque la Iglesia Católica es un grupo de presión... Quizás es verdad, pero yo creo que lo que más molesta a ciertas personas es ver la diferencia de sus vidas y que a la larga la elección no los hizo felices. El cerrarle la puerta a Cristo lleva a las familias a separarse, a los esposos a divorciarse, a los jóvenes a no comprometerse etc. Cuando la Iglesia habla de determinadas cosas y muchos de nosotros opinamos como ella aquellos "liberales" miran a su alrededor y ven los tristes resultados de sus vidas, por ejemplo personas sin hijos o sin familia, en las garras de las drogas u otros vicios, personas con muchos bienes materiales pero sin paz en el corazón. Por supuesto que se puede tener un problema de drogas o estar sin familia, aunque uno sea religioso, muchas cosas terribles nos pasan tambien a los católicos, pero la diferencia, la enorme diferencia es la forma en que recibimos y aprendemos de las pruebas que nos tocan. Pero para volver al tema, yo estoy convencida que la Iglesia molesta porque no se traga las cosas que la opinión pública y los medios televisivos se empeñan en mostrar como "super normales". Besos.-

    1. hola mariana,estoy totalmente de acuerdo con usted,la gente se aleja de dios y quiere que le vaya bien,y si, en los medios de comunicacion solo atacan a la iglesia por las cosas malas pero las buenas que son muchas eso no lo comentan porque no les reditua,pero dios siempre sera mas poderoso que nadie.oremos mucho para que esa pobres gentes recapaciten,que dios la bendiga.graciela desde mexico.

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