Primero escuchar y luego hablar: "Debemos estar dispuestos a escuchar y ser lentos para hablar y para enojarnos." (Santiago 1,19)

Santiago enseña que para ser una persona perfecta debemos aprender a dominar la propia lengua.

Para eso hoy nos aconseja lo esencial: tener el oído abierto a lo que el otro dice, piensa y hace.

Un oído que no se transforma en juez sino que actúa como el de Dios: lleno de misericordia.

Solo escuchando con amor y misericordia al prójimo lo vamos a conocer en profundidad… y nos sorprenderemos de las riquezas interiores que tiene.

Luego vienen nuestras palabras, ya sean en forma de consejo o corrección. Si hemos escuchado de verdad, tendremos las palabras justas. Si también hemos escuchado al Espíritu Santo, tendremos también palabras de sabiduría.

Lo que sí siempre hay que evitar es reaccionar con ira. Lo cual es, ni más ni menos, que imitar a Jesús y seguir su mandamiento del amor.

¿Te animás?

Una reflexión del texto: Santiago 1,19

https://youtu.be/dWezQBhzTfA

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