Orar y obrar en consecuencia

Orar y obrar en consecuencia. Ester, para obrar, antes ora confiada al Dios de su Pueblo. Le pide valor para hacerse cargo, ella, de la situación. “Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación, y dame valor.”

Ester (14,1.3-5.12-14)

En aquellos días, la reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor y rezó así al Señor, Dios de Israel:
"Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro.
Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido.

Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación, y dame valor, Señor, rey de los dioses y señor de poderosos.
Pon en mi boca un discurso acertado cuando tenga que hablar al león; haz que cambie y aborrezca a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices.
¡Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Único! Ven a socorrerme, porque estoy sola, no tengo otra ayuda fuera de ti."

Una reflexión del Evangelio del día de hoy: Orar y obrar en consecuencia

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