Gracia y paz. Quiero que este saludo bíblico sean las primeras palabras que escribo en este blog este año. Después de que el sonido comercial de las “fiestas” ha cesado, es bueno volver a pensar un poco en el verdadero sentido de ellas. Y, desde este saludo, nos encontramos con el profundo sentido que tiene el festejar estas fechas para el cristiano.

Gracia. Una palabra que designa dos cosas, o una de dos maneras distintas. La Gracia es la Vida de Dios. Es la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Porque cuando nosotros decimos “Dios” no pensamos en algo sino en alguien o, más preciso, en “alguienes”. Ya lo sabemos, pero no está mal recordarlo en estos tiempos.

Evocar la Gracia es sumergirnos en el misterio que va más allá de lo que podemos imaginar, sentir o pensar. Es sumergirnos en lo inmenso, lo grandioso, lo eterno. Evocar la Gracia es descubrir que somos poca cosa… nada: sólo una pelusa perdida en el universo material, que no es más que una pelusa perdida en el amor infinito de Dios. Por eso evocar la Gracia nos ubica como creaturas pequeñas en las manos creadoras de la Santísima Trinidad.

Pero evocar la Gracia es también recordarnos que es una presencia en nuestro corazón, en nuestra vida personal e íntima. El Todopoderoso se ha abajado para, no solo caminar junto a nosotros sino a habitarme, a morar en cada uno de nosotros que le abre la puerta del alma: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará; y vendremos a él y haremos morada en él (Jn 14,23).  Lo de San pablo es un resumen hermoso de esta realidad: “Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre! El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con el.” (Rom 8, 14-17).

Esta es nuestra paz, una paz que no puede dar el mundo. Tampoco puede quitarla. Basta que nos hagamos "como niños" para recibirla.

Por eso mi saludo para este año: gracia y paz para sus corazones.

3 Comments

  1. Hola Padre, me gustan mucho estas palabras tuyas. Es verdad no somos nada ante la inmensidad de Dios , pero si somos mucho porque el Creador así lo quiso, nos hizo a su Imagen y semejanza y nos infundió Su Espíritu. Ademas somos ´herederos del Reino y si somos herederos del Reino significa que somos Principes del Reino ¡¡¡ MARAVILLOSO !!!
    Gracia y Paz son dos palabras mas que importantes y maravillosas.
    Que el Señor Dios nos ayude a vivir en ese mar de Gracia por la libertad que nos regaló y que no seamos mercaderes de la herencia que nos tiene prometida. Dios te bendiga

    1. Graciela Isabel Gigena (Laferrere BS AS) dice:

      Hermoso tu comentario ante las palabras del Padre Fabian. Y es cierto tenemos tanta libertad y tan mal usada muchas veses.
      Deseo que esta año sea lleno de Paz, Amor, y Gracias para todos los amigos de la pagina, para aquellos que nos visitan de ves en cuando y para todos los nuevos que vendran. En verdad todos tenemos una gracia especial y podemos llevar paz a los hermanos que se nos acercan, solo vasta con dejarte amar profundamente por Nuestro Señor.Bendiciones para todos.Gracias Padre.
      Mil disculpas por las faltas de ortografia.
      Mil besos, mil abrazos, siete mil veses.
      Gracias MEP.Bendiciones para ti y tu familia.

  2. Padre:
    Desde hace muchos meses lo sigo en el blog..es un placer leerlo..es un espacio que alimenta mi Fe diariamente.
    Gracias por compartir y utilizar este medio para evangelizar

    ..No puedo dejar de alentar el desarrollo de estos instrumentos para servir al Evangelio y para potenciar el diálogo y la comunicación», aseguró. (Juan Pablo II)

    .."Debemos entrar en esta red nueva y creciente de las comunicaciones con realismo y confianza, convencidos de que si se la usa de manera competente y con fundada responsabilidad, puede ofrecer oportunidades válidas para difundir el mensaje evangélico"(Juan Pablo II)

    DTB

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