Salomón inaugura el Templo de Jerusalén con una oración como líder de su pueblo. Sabe que Dios es inmenso y el Templo no puede contener toda su presencia.

Pero allí Dios se hace accesible al pueblo que ve la a suplicar o agradecer. Por eso se acercan confiados de la cercanía del Todopoderoso.

Así el Templo, más que para que habite el Señor, es para que nosotros, los humanos, tengamos puntos de referencia para encontrarlo.

Los católicos sabemos que, por el bautismo, somos piedras vivas del templo espiritual que es el Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

Hacemos lindos templos porque amamos a Dios y queremos ofrecerle lo mejor de los frutos de nuestras manos. No porque Él lo necesite, sino porque nosotros lo necesitamos.

Podemos encontrar a Dios en todas partes. Pero Él también quiso quedarse en su Templo, en su Sagrario.

Allí te espera para que lo alabes como Pueblo en la Misa. También para que le ores personalmente. Espera tu visita. ¿Te animás a visitarlo?

“Atiende a la plegaria de tu siervo y a su petición, Yahveh Dios mío, y escucha el clamor y la plegaria que tu siervo hace hoy en tu presencia.”

Una reflexión del texto: 1° Reyes 8, 28

https://youtu.be/oOqtmJGRLpE

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