Hay dos tipos de violencia. La primera es la violencia interior, la que sufre la semilla en el grandioso acto de germinar y crecer. Es la violencia que cada uno de nosotros debe hacerse para alejarse de los vicios y alcanzar una vida virtuosa. Jesús nos invita a ella: “el Reino de Dios sufre violencia y los violentos se arrebatan” (Mt 11,12). Podríamos decir que es una violencia libre, ya que nadie nos puede obligar a crecer en el bien.

Pero hay otra violencia. La que brota de nuestros vicios y pasiones y se ejerce sobre el otro o los otros. Esta violencia, real o simbólica, busca el sólo provecho del que busca crecer en el ejercicio del poder o mantener su statuo quo. Jesús condena este tipo de violencia y nos enseña el camino contrario: el amor al prójimo como a uno mismo.

Desgraciadamente en nuestra sociedad va creciendo solapadamente este tipo de violencia. En esta semana hemos sido testigos de tres hechos, de distinto orden pero con el mismo contenido de fondo. Hagamos memoria.

En primer lugar, se cumplió un mes de la ausencia de Julio López, primer desaparecido en democracia. Un triste hecho que pone de manifiesto la inseguridad de quién se transforma en testigo de causas trascendentes y, a la vez, la ineficiencia de los organismos destinados al control de la seguridad de los ciudadanos. Es lamentable que un argentino desaparezca y no se pueda saber ni hacer nada al respecto. También fue que Organizaciones de los derechos humanos organicen marchas para pedir su aparición con vida cuando sistemáticamente no participaron en las manifestaciones que Blumberg realizaba pidiendo seguridad. La ausencia de su hogar de un argentino, sea quién sea, tenga las ideas que tenga, es algo que nos debe estremecer a todos.

En segundo lugar, el traslado de los restos de Perón. Con dos imágenes que nos quedaron. La ausencia de los cuatro presidentes que, desde el partido que el fundó, dirigieron los destinos de la nación desde su muerte. Pero lo más terrible: la lucha armada que se generó en su mausoleo. Más allá de que fuera con pistolas, palos, piedras o sopapos. Era la agresión física de un argentino contra otro argentino, de un obrero contra otro obrero por… ¿un lugar cercano al palco? No, no sólo por eso. Con toda certeza, muchos intereses políticos y de poder se estaban jugando. Quedó al descubierto una práctica conocida pero no divulgada: la de amedrentar al enemigo con la fuerza en vez de convencerlo por la razón. Sabemos que esto existe, rezamos para que sea sólo algo propio de una minoría de inadaptados a la vida pública.

Desgraciadamente el tercer hecho de esta semana lleva la violencia a otro plano: el deportivo. La suspensión de un partido de fútbol porque no se puede asegurar la permanencia pacífica de los hinchas en el estadio. Boca, Racing, los barrabravas, un juez, el ejecutivo de la mayor provincia argentina, los dirigentes deportivos… todos implicados en la violencia que nos rodea. Por supuesto que no al mismo nivel y con la misma responsabilidad, pero implicados al fin.

Se corona así una semana violenta en la cual la Palabra de Jesús proclamada en nuestras Misas nos sacude: “Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”. (Mc 10,42-45)

2 Comments

  1. 1. miguelito - Octubre 22, 2006[Edit]

    Mortal cura…
    me dejás leerlo mañana en la radio..?
    2. Fabián - Octubre 23, 2006[Edit]

    si sirve para construir, con todo gusto
    3. Ailyn - Octubre 25, 2006[Edit]

    Hola Padre Fabián, le felicito por su blog, tiene un contenido muy interesante, y el diseño esta muy moderno.
    Ha sido incluído en el Directorio de Blogs Católicos.
    Muchos saludos
    Que Dios le bendiga!
    Atentamente
    Ailyn

  2. Me parece importante tener en cuenta que la violencia no es un asunto de afuera. Creo, y por experiencia propia, esta es una energía que está muy dentro nuestro y se activa cuando algo externo nos toca, por decirlo así. Lo importante es darnos cuenta de ello, para no dejarnos dominar por estas fuerzas. A veces, experiencias de heridas pasadas, injusticias sufridas, agresiones sufridas, que son muchas veces inconscientes porque quizás- éramos muy pequeños y no tenemos memoria de ello_ o éramos vulnerables para defendernos, hacen que nuestro interior vaya conteniendo estas energías de agresividad y después se transforman en gestos, palabras , acciones y omisiones violentas. Esto último, me refiero, a que a veces, cuando nos enojamos con alguien, una actitud de indiferencia puede ser un acto que esté mostrando o develando un sentimiento violento por que hace violencia en la persona que lo percibe. Es verdad, el Señor reprendió a Juan y a Santiago cuando querían hacer violencia a aquellos que rechazaron a su Señor, esto nos enseña que la violencia no es ningún tipo de solución para nada ni para nadie, todo lo contrario y esto lo podemos comprobar en el día a día de nuestro mundo tan herido, con tantos corazones heridos por las ofensas entre hermanos y hermanas que viven en un mismo planeta llamado tierra. Creo que es importante orar por un cese de las violencias, pero no podemos pedir milagros a Dios si nosotros no nos comprometemos a cambiar desde dentro sin pretender que el otro cambie primero.

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