El camino de la felicidad

Jesús resume así su mensaje: «bienaventurados»… «felices»… Y ese es el gran mensaje: un camino a la vida plena. Quienes lo comprendieron, dejando entrar a Dios en su corazón, lo pueden testificar.

felicidad

Hoy la Iglesia celebra la vida de los que alcanzaron la plenitud de la felicidad: los santos. Sobre eso medito en este video:

 

Si ellos pudieron… ¿porque nosotros no podríamos también?

2 comentarios en “El camino de la felicidad”

  1. Javier Santos

    La fe no es un conjunto de normas a seguir. Se trata de una predisposición al amor, a la entrega. El amor es el principio básico que fundamenta nuestra acción, nuestro deber ser. Y por tanto el deber ser es relativo al amor. La ley está supeditada al amor. Así como Jesús estaba por encima de la ley y sanaba en sábado, nosotros cristianos no estamos atados a ningún precepto humano rígido, solo el amor basta. Nuestra libertad se basa en el amor, el amor que nos da la superioridad frente a la ley humana. Si una ley humana está en contra del amor, estamos obligados a rechazarla. Pero no hablemos solo de leyes institucionales y civiles. Llevemos nuestro caso al campo de los lugares comunes, de lo que se tiene por bueno o malo en la sociedad en la que estamos insertos. Ser cristiano no debería ser un modo de existencia rígida. La fe va más allá de ser bueno o malo según los parámetros de la tradición, costumbre, hábitos. Trasciende. Por eso es tan difícil serlo. Porque ante cada acto que damos debemos discernir sabiamente según el amor. Que no tiene mucho que ver con el me-parece-que-esto-queda-bien sino con un salto hacia el hermano. Ahora bien, deberíamos imitar a Jesús, no copiarlo. Él ya hizo su tarea, nosotros tenemos que hacer la nuestra. Imitarlo significa ser original como el lo fue. Respetando no tanto los dogmas sino viviendo el amor verdadero. No ajustándose a mandamientos sino viviendo la fe con amor.

    La fe tampoco implica un conjunto de dogmas fijos; se puede ser muy buen cristiano, creer en la resurrección y considerar a Jesús como hombre y como Dios, a pesar de nuestras diversidad de posición frente a los dogmas. Los hay quienes se adscriben a ellos con ortodoxia y firmeza haciendo fuerza hacia la tradición, el orden establecido y sus beneficios de zona de confort; los hay quienes, en cambio, de una manera más heterodoxa sin ser por ello del todo herética, presentan su fe no atada a los dogmas, sino al revés, es decir, los dogmas como al servicio del limitado entendimiento humano que trata de ver lo que le deja Dios de su misterio. Para dar un ejemplo de esto pongamos el caso de considerar que la virginidad de María es una lectura a posteriori, una interpretación y una hermenéutica acerca de lo que la luz de la resurrección hizo tratar de comprender a los apóstoles y primeros discípulos cristianos, una manera no literal de hablar de la inocencia de María y no de su genitalidad y sexualidad. Lo mismo se podría poner a discutir el caso de la segunda persona de la Trinidad como preexistente o no. Jesús pudo haber sido un ser humano común como todos nosotros que en su camino empieza a empatizar con el amor de Dios y su mandato de manera que el vínculo se fuese estrechando más y más cada vez hasta no poder distinguir ni diferenciar el uno del otro. Sentado a la derecha del Padre porque Dios Padre lo asume como hijo por su grado de santidad y vinculación con él. Qué consecuencias –pienso– habría entre pensar el Reino desde una visión heterodoxa y una ortodoxa? Qué implicancias supondría tener una diferencia de este tipo con respecto a los dogmas inamovibles? Si se respeta el amor entregado y sincero, que es un amor cristiano qué males aquejarían al pueblo de Dios? En mi opinión creo que lo que sucede en estos casos es que los sectores más reaccionarios a estos tipos de miradas, por miedo a perder un lugar de comodidad, por no querer abrirse o porque piensan que la verdad y el amor no puede moverse de sitio son, de verdad, reacios a la oportunidad del soplo de Dios. De ninguna manera podría el Reino estar más cerca si le ponemos piedras morales a la rueda de la libertad de Cristo.

    1. Javier, interesante tu respuesta. Te contesto brevemente.

      1.- Tienes razón en decir que la fe no es un conjunto de «normas» a seguir». Es cierto, Jesús nos invita a seguir el camino del amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo («creo hacia»). Pablo nos recuerda que el amor es el resumen de la ley. Pero esto no debe hacernos olvidar que Jesús no anula los 10 mandamientos sino que los lleva a su plenitud. Para el cristiano que quiere vivir en el amor los mandamientos no son normas positivas que nos oprimen sino semáforos que nos indican por dónde va el amor verdadero al cual nos invita Jesús.

      2.- Es correcto decir que la fe no es un conjunto de dogmas fijos. La fe es la respuesta personal a una Persona que nos amó primero y nos invita a vivir en comunión. Y yo le digo: te acepto y quiero vivir en comunión con vos (es decir, «creo en»). Pero los dogmas (que no son muchos) nos ayudan a recordar que la fe tiene un contenido («le creo a») que no depénde de nosotros sino que es revelado. La Iglesia cuando declara algo como dogma es para recordarnos que es parte esencial de la Revelación divina. Por lo tanto, si le creo a Dios, creo en lo que ha revelado… o hago mis propios dogmas y mi revelación parcializada y particular. (Aquí mas largo sobre las 3 dimensiones de la fe: https://padrefabian.com.ar/la-fe-del-pueblo-de-dios/ )

      3.- Veo que eres Jesuano y no Cristiano. Te respeto en esto. Pero yo creo que Jesús es el Señor (como diría Pablo), es decir, este hombre es Dios. Y la divinidad que habita corporalmente en Jesús pre-existía a ese hombre antes de que fuera engendrado en el seno de María. En palabras de Juan: el Verbo (Palabra creadora de toda existencia material y espiritual no divina) se hizo carne y habitó entre nosotros… y nosotros hemos visto su Gloria. Esto es lo que nos da la dimensión de lo terrible y grandioso que ocurre en la muerte en cruz. Jesús fue divinizado por la Encarnación y no por obedecer al Padre en su entrega en la cruz.

      4.- No se trata de ser «reaccionario» o «tradicionalista (conservador)». Se trata, en el sentido etimologico, de ser «orto-doxo» (orto=verdad doxa=enseñanza, doctrina) y no «hetero-doxo» (hetero=distinto). Se trata, en definitiva, de aceptar lo absoluto del mensaje cristiano o escandalizarme de él y seguir mi propio camino light (Algo de esto escribí en este articulo: https://padrefabian.com.ar/la-esencia-del-cristianismo/ )

      Gracias por participar con los comentarios.
      Bendiciones.

Los comentarios están cerrados.