Despertar, convertirse y armarse de Luz
El Adviento es un llamado al despertar espiritual del católico. Punto de partida es la conversión de los excesos que "el mundo" nos presenta.
Para lograr una existencia cristiana digna y profunda, el creyente debe revestirse de la armadura de la luz, desechando las actitudes propias de la noche. Esta armadura supone el crecimiento en la oración diaria, la profundización de la vida sacramental y el amor al prójimo,
Todo esto permite que Cristo renazca en el corazón del creyente durante este tiempo de gracia.
PARA TU REFLEXIÓN PERSONAL:
¿Cómo es mi diálogo diario con Dios? ¿Es un monólogo donde solo yo hablo, o una verdadera conversación donde también escucho?
¿En qué momentos del día puedo crear un espacio sagrado y sin distracciones para este encuentro que da sentido a mi existencia?
¿Qué distracciones u "obras de la noche" (actitudes, hábitos, miedos) me impiden crecer en mi oración diaria?
¿Veo la Eucaristía y la Confesión como fuentes reales de fortaleza divina para mi vida, o simplemente como rituales?
¿Cómo puedo prepararme mejor para vivir estos encuentros con la gracia de Dios, con un corazón más abierto y dispuesto?
¿Quién en mi entorno (familia, amigos, comunidad) necesita sentir el amor de Dios a través de mis acciones hoy?
¿Qué acto concreto de servicio o amabilidad, por pequeño que sea, puedo realizar para "vestirme" con esta parte de la armadura?
¿De qué manera el amar a los demás me hace sentir más fuerte y más cerca de Dios?
PREGUNTAS FRECUENTES
San Pablo hace un llamado urgente a "despertarnos". Esta es la invitación principal al iniciar el Adviento, un llamado a despertar nuestros sentidos espirituales y vivir en plenitud.
Despertarnos en la vida espiritual significa renovar la esperanza que anima nuestra vida como católicos y seguidores de Jesús. Es una invitación a tomar conciencia de que la salvación está cerca y vivir en consecuencia.
El despertar es apremiante porque, según San Pablo, "la salvación está cerca". Se afirma que "Jesús está al caer" y la "aurora final del día eterno está a las puertas", lo que confiere un sentido de inminencia a la preparación espiritual.
El despertar espiritual se hace realidad a través de la conversión de nuestra existencia. La conversión es una actitud del corazón que busca continuamente la presencia de Dios.
San Pablo nos invita a despertar de "las obras propias de la noche". Esto implica abandonar comportamientos que no se alinean con una verdadera dignidad cristiana para poder vivir a la luz.
San Pablo utiliza la metáfora de revestirse de la "armadura de la luz". Esta armadura es el medio por el cual la conversión se vuelve verdadera y profunda, fortaleciendo al creyente.
Los tres componentes de la armadura de la luz son: crecer en la oración diaria personal, profundizar la vida sacramental (Eucaristía y confesión), y crecer en el amor al prójimo.
Una persona se fortalece a través de la vida sacramental al encontrarse con la gracia de Dios. Dios viene en los sacramentos y me fortalece con su armadura.
El amor al prójimo es una armadura fuerte que nos hace invencibles con la presencia de Dios. La razón es que el que ama al prójimo está amando al Dios grande, al Dios vivo (1 Jn 4,20-21).
El objetivo final del Adviento es prepararse para que Cristo renazca en el corazón de cada persona. A través de este renacimiento interior, Cristo también puede renacer en el mundo de esa persona.

