Mente obtusa

Hace unos días les comentaba sobre un libro que compré y “que no voy a leer… por ahora”. Claudio me dejó este comentario:

Karl Rahner, un perfecto hereje. No habra otras lecturas mas provechosas para la salvacion del alma?

Pensaba directamente borrarlo porque me pareció muy pobre, humana y cristianamente hablando. Pero decidí dejarlo. Pero voy a poner en contraste a un Santo que a mí me impactó muchísimo por su apertura de mente, profundamente católica y, por eso, tan contraria a la mente obtusa del tal Claudio. Me refiero a Santo Tomás de Aquino.

Si se hubiera guiado por la estrechez de mirada del tal Claudio, que considera como perfecto hereje a Karl Rahner, entonces Tomás hubiera buscado lecturas que le hubieran sido de provecho para la salvación del alma. Con toda seguridad el tal Claudio le hubiera recomendado que no leyera autores paganos (Aristóteles y Platón), o musulmanes (Averroes y Avicena) o judíos (Maimónides). Si leyera a esos “perfectos herejes” la salvación de su alma estaría en serio peligro.

Pero, gracias a Dios, Tomás tenía otra perspectiva del conocimiento:

“Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”

Toda verdad, díga quien la diga, viene del Espíritu Santo

Es así que puede entrar en dialogo con la cultura de su tiempo e, incluso, trascender hasta llegar a ser luz también para nosotros que vivimos varias centurias después. Es digna de meditar, en este sentido, la catequesis que Benedicto XVI hiciera sobre este santo:

En ese período, la cultura del mundo latino se había visto profundamente estimulada por el encuentro con las obras de Aristóteles, que durante mucho tiempo permanecieron desconocidas. Se trataba de escritos sobre la naturaleza del conocimiento, sobre las ciencias naturales, sobre la metafísica, sobre el alma y sobre la ética, ricas en informaciones e intuiciones que parecían válidas y convincentes. Era una visión completa del mundo desarrollada sin Cristo y antes de Cristo, con la pura razón, y parecía imponerse a la razón como «la» visión misma; por tanto, a los jóvenes les resultaba sumamente atractivo ver y conocer esta filosofía. Muchos acogieron con entusiasmo, más bien, con entusiasmo acrítico, este enorme bagaje del saber antiguo, que parecía poder renovar provechosamente la cultura, abrir totalmente nuevos horizontes. Sin embargo, otros temían que el pensamiento pagano de Aristóteles estuviera en oposición a la fe cristiana, y se negaban a estudiarlo. Se confrontaron dos culturas: la cultura pre-cristiana de Aristóteles, con su racionalidad radical, y la cultura cristiana clásica. Ciertos ambientes se sentían inclinados a rechazar a Aristóteles por la presentación que de ese filósofo habían hecho los comentaristas árabes Avicena y Averroes. De hecho, fueron ellos quienes transmitieron al mundo latino la filosofía aristotélica. Por ejemplo, estos comentaristas habían enseñado que los hombres no disponen de una inteligencia personal, sino que existe un único intelecto universal, una sustancia espiritual común a todos, que actúa en todos como «única»: por tanto, una despersonalización del hombre. Otro punto discutible que transmitieron esos comentaristas árabes era que el mundo es eterno como Dios. Como es comprensible se desencadenaron un sinfín de disputas en el mundo universitario y en el eclesiástico. La filosofía aristotélica se iba difundiendo incluso entre la gente sencilla.

Tomás de Aquino, siguiendo la escuela de Alberto Magno, llevó a cabo una operación de fundamental importancia para la historia de la filosofía y de la teología; yo diría para la historia de la cultura: estudió a fondo a Aristóteles y a sus intérpretes, consiguiendo nuevas traducciones latinas de los textos originales en griego. Así ya no se apoyaba únicamente en los comentaristas árabes, sino que podía leer personalmente los textos originales; y comentó gran parte de las obras aristotélicas, distinguiendo en ellas lo que era válido de lo que era dudoso o de lo que se debía rechazar completamente, mostrando la consonancia con los datos de la Revelación cristiana y utilizando amplia y agudamente el pensamiento aristotélico en la exposición de los escritos teológicos que compuso. En definitiva, Tomás de Aquino mostró que entre fe cristiana y razón subsiste una armonía natural. Esta fue la gran obra de santo Tomás, que en ese momento de enfrentamiento entre dos culturas —un momento en que parecía que la fe debía rendirse ante la razón— mostró que van juntas, que lo que parecía razón incompatible con la fe no era razón, y que lo que se presentaba como fe no era fe, pues se oponía a la verdadera racionalidad; así, creó una nueva síntesis, que ha formado la cultura de los siglos sucesivos.

Las catequesis de Benedicto fueron tres. El trozo citado lo pueden leer aquí. Les invito a leer también esta y esta otra.

Es digno de destacar que Santo Tomás fue procesado por la Universidad de París a causa de sus teorías, por considerárselo como un “perfecto hereje”. Cómo él acababa de morir, acudió en su defensa su gran amigo el franciscano San Buenaventura. Pero esa es otra historia para otro momento.

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8 comentarios

  1. MARIAL dice:

    Me pongo en la piel del pobre Karl Rahner. Uno escribe un libro pensando en transmitir, ideales y experiencias, a veces con toques de imaginación, pero sobre todo con una gran herramienta: el arte, siempre con la intención de que por lo meno, dos o más personas lo lean. Queda en cada mente humana en aceptarlo o rechazarlo. La gama se extiende desde la simpleza hasta lo complejo (elevado). Y me permito citar como ejemplos desde Mamerto Menapace , cuyos relatos, a mi entender, son simples pero a la vez enriquecedores, hasta Jorge Luis Borges, literatura compliicada pero, siempre según bajo mi punto de vista, también nutre a mi intelecto.
    Lo que más me asombra es que en Paraná, 4 de cad 10 libros que se venden en las librerías, son de autoayuda.
    Padre: creo que es hora que Ud. escriba un libro para saber si lo tenemos siempre a mano o lo dejamos sobre una pila, allá en lo último, olvidado, ja,ja. Saludos.

  2. Fernando dice:

    Estimado padre,
    Comparar al Doctor Angelico con cualquier persona puede dar lugar a dislates. Siendo criatura como nosotros, Tomas tenia un criterio (y una inspiración divina), cuanto menos especial.
    Ahora, yo le pregunto con total sinceridad ¿cuantas almas se han escandalizado (en el sentido propio de termino) con las obras de Karl Rahner? ¿Que aporte significativo ha hecho Karl Rahner a la Iglesia, como para ser tan difundido? ¿Porque me es muchas veces más sencillo encontrar sus libros que los de Sta. Teresa, el Ven. Kempis o San Agustín en librerías católicas? No digo que no haya que leer a Rahner, pero defenderlo o recomendarlo, jamas.
    GHracias padre, quede con Dios

    • Fabián dice:

      Estimado Fernando: la diferencia entre lo que vos planteas y lo que plantea Tomás de Aquino (no por ser santo sino solamente por ser católico) es la diferencia, pequeña pero tan abismal, del uso de una letra. Donde vos (con espíritu protestante) decís “o” lo católico dice “y”. El resto… es comentario.

  3. Fernando dice:

    Dispense padre, pero no entiendo bien que quiere decir su comentario, cuando pueda tenga a bien aclarármelo
    Si quiere decir que puede defender los escritos de Rahner sin recomendarlos (o viceversa, repito que no entiendo bien), tiene ud. toda la razón.
    Yo puedo recomendar hasta la lectura de Marx (con fines ilustrativos) pero sin defender su obra. O puedo defender las cruzadas (como barrera histórica a la expansión del Islam) pero sin recomendarlas en absoluto actualmente.
    Sin embargo, sigue pareciéndome poco feliz la comparación con Sto. Tomas. La solides de la fe de él no es la de muchos laicos, religiosos y sacerdotes actuales. Me cuesta mucho imaginar a Tomas convirtiéndose al Islam por leer Averroes o al judaísmo por leer Maimonides, o intentando solapar y mezclar (consciente o inconscientemente) el evangelio de N.S. con esas religiones. Y tengo la confianza, por haber leído otros de sus post, que ud. tampoco.
    Pero, y ojala me equivoque, ¿no tenemos sobradas muestras de la relajación doctrinal y la heterodoxia que ha generado la lectura de autores como Rahner (y no sólo él) sobre sacerdotes, consagrados y laicos en las últimas décadas?
    Para redondear, yo no voy a decir que el autor en cuestión es hereje (aunque muchos de los planteos a los que adhiere son criticados en la Humani Generis y en la Divino Afflante Spiritu), sino que su lectura puede resultar sumamente nociva para muchos de los fieles actuales.
    Perdoneme de nuevo padre, veo que me quedo largo el comentario. Cuando pueda, quiera y le parezca pertinente me lo responde. Sinceramente agradecido, su hermano en Xto.

    • Fabián dice:

      Estimado Fernando: Lo que siempre me impactó de Tomás de Aquino fueron tres cosas. Lo primero, su fe profundamente católica que buscaba entender lo que creía. Lo segundo, su apertura a la realidad circundante y a los pensadores “de moda” para darles respuesta desde la teología, no destruyendo a la persona sino integrando lo que de verdadero tenían sus opiniones. Y, lo tercero, su santidad de vida (sobre todo esa expresión al final de su vida: “todo es pasto para ser quemado”).
      Si nos atenemos a los hechos concretos de sus escritos, por un lado vemos que han sido recomendados como “doctrina segura” para la formación teológica. Pero no debemos, por eso, olvidar que varias de sus tesis fueron condenadas por heterodoxas por la Universidad de París; que a lo largo del tiempo muchos buenos pensadores (tan católicos y santos como él) estuvieron en contra de algunas de sus afirmaciones y que, por último, teorías como (por ejemplo) la de la Inmaculada Concepción de María hoy serían contrarias al dogma católico.
      En lo concreto de esta entrada, su espíritu no es el de decir “o” sino “y”. Es decir, no le interesa quién dice algo y a causa de eso lo rechazaba (“o”) sino que es lo que dice (“y”) y se preocupa por integrar esas verdades (Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est) dentro de un contexto más amplio. Es el mismo espíritu que el teólogo Ratzinger escribe su libro “Jesús de Nazareth”.
      No te voy a negar que una mala lectura de Rahner ha reventado la cabeza y la pastoral de varios sacerdotes. Pero también te puedo decir (desde mi propia experiencia arquidiocesana) que una mala lectura de Santo Tomás también ha reventado la cabeza y la pastoral de otros varios sacerdotes. Así que la medida no son solamente la lectura que se hacen. La medida está en la caridad y el sentido de pertenencia a la Iglesia… tal cual es y no como me la imagino de acuerdo a las lecciones de mi autor favorito.
      Recuerdo (ya hace de esto veinte años…) que en Cristología hacíamos una crítica a ciertas posturas de Rahner. No te las puedo precisar ahora porque los años y la no meditación frecuente de ciertas cosas hacen que uno las olvide, pero puedo llegar a revisar mis apuntes… con tiempo y paciencia. Ahora bien, esas críticas (que dicho de paso se le pueden hacer a cualquier autor católico, incluido Tomás, como ya dijimos antes) no invalidan todo lo que escribió. Por eso pude poner esta entrada: http://padrefabian.com.ar/la-iglesia-del-futuro/ (y no me arrepiento).
      Yo, particularmente, ni ataco ni defiendo a Rahner. No tengo la capacidad intelectual y la formación necesaria para hacerlo. Ni siquiera está entre mis autores preferidos de teología. Si recuerdo, con mucho gusto, lo que enseñó sobre la revelación y sobre la pertenencia al Cuerpo Místico. Pero, si tengo que leer a alguien con gusto (aun que tampoco termine de entenderlo del todo) prefiero “perder el tiempo” con Hans Urs Von Balthasar (alguien de la vereda de enfrente, Communio versus Concilium, si te gusta presentarlo de esa manera). Y, más al alcance de mi capacidad real de conocimiento, Romano Guardini o el mismo Tomás (últimamente estoy entretenido leyendo y predicando sobre su doctrina de las emociones o pasiones).
      Espero haber dado una respuesta.

      • Fernando dice:

        Muchas gracias padre, ahora creo haber entendido mucho mejor su postura respecto a Rahner. Quiza mis opiniones tengan que ver con que lo que he leído de Rahner me pareció siempre sumamente ambiguo en temas en que la Escritura, la Tradición y el Magisterio no lo son. Pero tendré que ampliar mis lectura de él. (me pareció interesante la del link que dejó)
        Y me gusto mucho lo de “Así que la medida no son solamente la lectura que se hacen. La medida está en la caridad y el sentido de pertenencia a la Iglesia… tal cual es y no como me la imagino de acuerdo a las lecciones de mi autor favorito.”
        Que Sto. Tomas interceda por ud. en sus predicaciones, su hermano en Cristo Maestro Crucificado.

  4. Javier dice:

    Padre,

    no me parece ni cristiano ni caritativo burlarse de alguien porque tiene pocas luces. Es como burlarse de un rengo.
    Y hacer incapié en “su mente obtusa”, es una crueldad.
    Tiene la mente que puede, la que recibió. No tiene la suya. Ni tal vez haya tenido la formación o los maestros que Usted tuvo. Con la mente que tiene hace lo que puede. Como todos.
    Reírse en un foro público de “su mente obtusa” no es corrección fraterna.

    Javier

    • Fabián dice:

      Javier: obtuso puede ser torpe (lo cual no fue mi intención decir, lo que se infiere por el contexto) o “mocho” (como le diríamos aquí a algo sin punta, por eso incapaz de profundizar). Es la segunda acepción de la palabra la que uso, lo cual también se infiere del contexto. Alguien que comenta sobre Rahner no es alguien incapaz de lectura y de raciocinio.
      En segundo lugar, no me burlo: también se infiere del contexto.
      Bendiciones.

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