El proyecto de equipar con netbooks a los alumnos está en marcha. Me parece loable la acción del gobierno nacional. En la ciudad de Paraná una escuela ya está haciendo todo el cableado para la instalación de estas maquinitas. Esperan con ansias que el Correo le entregue los 300 ansiados equipos.
Cuando llamaron a la puerta… el deseado emisario postal había llegado… pero sólo con un pequeño paquete. Pensando que era la primera remesa, lo abren y se encuentran… con 25 paraguas enviados por el gobierno nacional. Sí. Leyó bien. Y si desconfía de mi palabra siga este link y leerá la noticia en la página web del canal 11 de Paraná.
Hace un rato, cuando veía la nota por la tele, consultaban a una directiva de la institución beneficiada. Ella, con una sonrisa en los labios, respondía que no sabía exactamente como proceder con esa remesa ya que “no había recibido ningún instructivo” al respecto.
Ni quiero imaginarme el curro que habrá detrás de esta remesa inaudita.
Solamente quisiera imaginarme que le podríamos sugerir a una institución que espera 300 netbooks y se encuentra, de golpe, con un cargamento de paraguas destinados a subsidiar las necesidades básicas de la educación. Y me pregunto… si lo reciben… ¿qué podrá decir ese famoso instructivo solicitado por la comunidad docente?
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Me gustó mucho leer lo que dijo el Presidente uruguayo a su selección de fútbol antes de partir al Mundial:
… los jugadores “en el fondo, son un grupo de gurises que llevan la representación, los sueños y la alegría de los uruguayos. Tenemos muchas diferencias en nuestra sociedad. Tal vez, una de las pocas cosas en común que tenemos es ‘la celeste’. Pero tampoco hay que darles una responsabilidad tan gigantesca como si fueran a una guerra, o fueran a saldar la deuda externa. Sólo les pido que jueguen con alegría”.
Y, para que quedara claro, al final de la cena, Mujica les remarcó:
“Muchachos, vale la pena vivir. Cada vez que tengan una derrota, sabrán que se puede comenzar de nuevo. En todos los órdenes de la vida”.
El fútbol no es una guerra. Los uruguayos lo entendieron muy bien, se divirtieron, salieron cuartos en el mundial y se trajeron de regreso al mejor jugador del torneo. Si estas dos últimas cosas no hubieran pasado, entonces (con la diversión en la mano) recordarían del segundo mensaje de su Presidente lo que es importante en la vida: recomenzar sin resentimientos.
De todo esto me acordé cuando escuchaba el discurso de Diego Maradona anunciando el “¿por qué?” de su “alejamiento” de la Selección Argentina. La primera parte fue en el auto mientras iba a comprar un repuesto. La segunda, a través de la tele en el negocio, mientras esperaba que me atendieran.
No soy comentador deportivo. Menos voy a defender al eterno dirigente de la AFA (no entiendo porque permanece tanto tiempo allí… bah… si, entiendo…). Tampoco comulgo con Bilardo y sus “métodos” (baste recordar, tan solo, el bidón con que emborracharon a Branco). Pero me dejó triste que se hablara de mentiras y traiciones. No porque no creo que haya eso (y mucho más) en el fútbol argentino. Sino por falta de memoria (algo de eso habló el hijo del entrenador que este suplantó).
Me indignó que no se asuman responsabilidades y se busque un chivo expiatorio sobre el cual descargar las culpas. Me indigna la falta de autocrítica y la omnipotencia de pensar que todo debe ser de acuerdo a mi pensamiento. Y, sobre todo, me da un poquito de luz para entender porque Maradona se siente tan a gusto con Chávez y Fidel Castro. Mujica también comulga con las ideas políticas de estos dos líderes latinoamericanos. Pero lo veo sin resentimientos y con autocrítica. Tal ves el d10s con pies de barro deba aprender mucho de eso.
Y también nosotros, los argentinos. ¿Cuánto de maradoniano tenemos en nuestras actitudes cotidianas?
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Hace casi doscientos años los soldados realistas fueron detenidos en el norte argentino. No fue un ejército organizado el que llevó a cabo la hazaña. Fue un grupo de criollos armados con lanzas y encabezados por Martín de Güemes. La estrategia fue sencilla: nunca presentar batalla de frente. El caudillo se contentaba con aquello que hoy describiríamos “toco y me voy”. Un ataque sorpresa, a cualquier hora y en cualquier lugar. Bastaba para desmoralizar a las tropas de un ejército superior en soldados y armamentos. Yo me imagino la “calentura” que tendría el general español, el cual no tenía nunca un ejército “concreto” con quién enfrentarse. Querer luchar contra alguien “al que no se ve” podría llevar a imaginar que ese enemigo no existe… si no fuera porque las heridas de las escaramuzas del contrincante están a la vista.
En el combate espiritual del que hablábamos anteriormente se puede caer en esta tentación: pensar que no existe un enemigo porque no lo veo. Hay quienes dicen que es sólo producto de la mente calenturienta de un pseudo-místico extravagante. Por eso es bueno, en primer lugar, comprobar la realidad de nuestras “heridas” en batalla para luego descubrir quién las causa.
La primera carta de San Juan nos presenta el tema:
“Hijos, les escribo porque sus pecados han sido perdonados por el nombre de Jesús.
Padres, les escribo porque ustedes conocen al que existe desde el principio.
Jóvenes, les escribo porque ustedes han vencido al maligno.
Hijos, les he escrito porque ustedes conocen al Padre.
Padres, les he escrito porque ustedes conocen al que existe desde el principio.
Jóvenes, les he escrito porque son fuertes, y la Palabra de Dios permanece en ustedes, y ustedes han vencido al maligno.No amen al mundo ni las cosas mundanas. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, codicia de los ojos y ostentación de riqueza. Todo esto no viene del Padre, sino del mundo; pero el mundo pasa, y con él, su concupiscencia. En cambio, el que cumple la voluntad de Dios permanece eternamente” (2,12-17).
Las “heridas de batalla” son nuestros pecados. Cristo los redimió con su sangre derramada en la cruz. Pero continuamos sometidos a una “guerra de escaramuzas” por un triple enemigo: el maligno, el mundo y la carne.
El Concilio de Trento (Dz 1541), cuando en el marco de la justificación del cristiano nos prevenía sobre la perseverancia, dice:
“Igualmente, acerca del don de la perseverancia, del que está escrito: “El que perseverare hasta el fin, ése se salvará” (Mt 10,22; 24,13) —lo que no de otro puede tenerse sino de Aquel que es poderoso para afianzar al que está firme (Rom 14,4), a fin de que lo esté perseverantemente, y para restablecer al que cae— nadie se prometa nada cierto con absoluta certeza, aunque todos deben colocar y poner en el auxilio de Dios la más firme esperanza. Porque Dios, si ellos no faltan a su gracia, como empezó la obra buena, así la acabará, obrando el querer y el acabar (Fil. 2,18). Sin embargo, los que creen que están firmes, cuiden de no caer (1 Cor 10,12) y con temor y temblor obren su salvación (Fil. 2,12), en trabajos, en vigilias, en limosnas, en oraciones y oblaciones, en ayunos y castidad (cf. 2 Cor 6,3 ss). En efecto, sabiendo que han renacido a la esperanza (cf. 1 Pe 1,3) de la gloria y no todavía a la gloria, deben temer por razón de la lucha que aún les aguarda con la carne, con el mundo, y con el diablo, de la que no pueden salir victoriosos, si no obedecen con la gracia de Dios, a las palabras del Apóstol: “Somos deudores no de la carne, para vivir según la carne; porque si según la carne viviereis, moriréis; mas si por el espíritu mortificareis los hechos de la carne, viviréis (Rom 8,12 s).”
Identificado el triple enemigo (la carne, el mundo y el maligno), trataremos ahora de conocerlos un poco más.
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En la entrada en la que hacía un pedido de oración para la Convivencia con Pedro de la que participé, Horacio deja (extrañado) este comentario:
epa, a qué guerra hacen alusion? enemigos? heridos? muertos? van a una batalla????
El lenguaje bélico puede causar desconcierto cuando se lo usa en cuestiones espirituales. Pero es una manera de expresarse que propia de la Iglesia, ya de los tiempos bíblicos-apostólicos. Cabe la aclaración a que nos referimos exactamente cuando usamos este lenguaje.
Lo primero es decir de que NO se trata. No se está con intenciones de realizar una cruzada violenta contra la humanidad, o un sector de ella o una persona concreta. No. Como ya dijimos varias veces, la violencia no es humana ni cristiana. ¿Entonces?
San Pablo, en la mayoría de sus cartas, hace mención a este tema. En sus cartas a Timoteo le abre su corazón:
“He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado lo que depositaron en mis manos. Sólo me queda recibir la corona de toda vida santa con la que me premiará aquel día el Señor, juez justo; y conmigo la recibirán todos los que anhelaron su venida gloriosa (2 Tim 4,7-8)”.
Y este buen combate es tan importante que se lo propone a su discípulo (que en ese entonces ya era Obispo de una comunidad):
“Esta es la recomendación, hijo mío Timoteo, que yo te hago, de acuerdo con las profecías pronunciadas sobre ti anteriormente. Combate, penetrado de ellas, el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta (1 Tim 1, 18-19). Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste aquella solemne profesión delante de muchos testigos (1 Tim 6,12). Soporta las dificultades como un buen soldado de Cristo Jesús (2 Tim 2,3).”
La primera aproximación superficial nos haría pensar en lanzas, flechas, garrotes, rifles o bombas… Pero San Pablo va por otra parte:
“Pues aunque vivimos en la carne no combatimos según la carne. ¡No!, las armas de nuestro combate no son carnales, antes bien, para la causa de Dios, son capaces de arrasar fortalezas (2 Cor 10,3-4)”.
Entonces… a qué se refiere exactamente. Dejemos que él mismo nos lo explique:
“Lleven con ustedes todas las armas de Dios para que puedan resistir las maniobras del diablo.
Pues no nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a los poderes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras, los espíritus y fuerzas malas del mundo de arriba.
Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón y la justicia como coraza; tengan buen calzado, estando listos para propagar el Evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios. Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y perseveren en sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo en favor de todos los santos, sus hermanos. (Ef 6,11-18)”.
Hay un “triple enemigo” al que San Juan en una de sus cartas describe muy bien. Pero dejemos eso para otra entrada.
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Uno experimenta tiempos especiales de vivencia de la Gracia. Para mí cada una de las Convivencias con Dios, de las que he participado o asesorado, tuvieron esa particular característica. Esta vez no fue la excepción.
El viaje en colectivo desde Paraná a Neuquén me llevó 18 horas. Pero no me debo quejar. A Nancy el colectivo no la quería llevar desde Bahía Blanca porque había paro de transporte. Marianela casi no llega desde Chile: caminó un tramo en la nieve hasta la frontera porque el cole no podía llegar. A Rosita le robaron el bolso unos motochorros dos días antes del inicio de la Convivencia. Ya les conté el porrazo de Juan…
Pero el jueves 15 estábamos allí todos. Dispuestos a profundizar nuestro encuentro con el Señor y su Iglesia. Y Él no se hizo desear. Desde el primer instante lo vivido fue muy intenso, con toda la ascética que requiere esta tercera Convivencia (de una serie de siete) pero con todos los “caramelitos” que nos ayudaban a gozarnos del amor de Dios.
Hubo frutos muy lindos. Pero, de los testimonios de los conviventes en la evaluación final, rescato lo siguiente: la moción generalizada para pasar de “la” Iglesia a “mi” Iglesia. Toda una acción del Espíritu en nosotros, que deberemos realizar en las acciones cotidianas y concretas que realicemos.
La foto está fuera de foco. Se las comparto pero cuando me envíen alguna mejor la cambio.
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Hoy miércoles estoy marchando hacia la ciudad de Neuquén. Alli asesoraré una Convivencia con Pedro. En el link se pueden enterar más de que se trata exactamente.
Ibamos a partir ayer, martes. Pero el Señor, con esos designios insondables que son su Providencia, nos pospuso al viaje. ¿La causa? Juan se cayó de una escalera y tuvo una herida en el cuero cabelludo y una conmoción cerebral que le hizo tener amnesia parcial. Ya está recuperado. El era el coordinador de la Convivencia. Así que en Neuquén tuvieron que salir a buscar a buscar de emergencia quién lo supliera. Por mi parte, mi salida fue a la terminal de ómnibus para conseguir pasaje en colectivo, ya que el auto de Juan se queda con Juan en Paraná.
Cada vez que algo pastoral comienza así es porque el maligno se pone celoso y trata de poner palos en la rueda. Por eso me encomiendo a sus oraciones. Oren por mí y por todos los que participan como conviventes y quienes estmos en el equipo organizador.
Comienza el jueves 15 y termina el miércoles 21. Por este motivo no creo que suba entradas durante esta semana y la próxima (salvo que tenga internet en la Casa de Retiro y en alkgún tiempito libre les cuente algo).
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